Al final de un día, siempre hay un anochecer y al comienzo siempre amanece. Porque es así como se define un día y como deja que suceda el siguiente.
Parece igual de ineludible la transición entre emociones.
El sol radiante de una sonrisa, deja paso a la noche de calma, mas se anegan los lagos de tristeza cuando la lluvia, en pena, decide pasear sobre el valle. Igual sucede con tu alegría, que pasa a enturbiarse con corrientes de agua salada.
¿Y qué vas a hacer tú, si te pueden los elementos? ¿Qué vas a hacer, si las nubes no las arrastran los vientos?
Te diré lo que harás, pequeña flor, algún día: echarás raíces en un lugar en el que el clima sea mejor, anidando mientras en tu corazón el canto de la paciente esperanza.
Y mientras, escucha, dulce clave de sol: deja que mire tus lagunas gemelas, deja que se sequen, por un futuro mejor.
jueves, 21 de febrero de 2013
miércoles, 13 de febrero de 2013
Tan lejos, tan cerca
Vuelves a llegar con los ojos hinchados, pero con una sonrisa en los labios. No sé a que atender, si a lo que tratas de esconder o a lo que te esfuerzas en mostrar.
Pregunto de nuevo, como si acompañase el desayuno, si estás bien. Contestas con un sí que suena triste. No quieres que me de cuenta, pero no puedes evitarlo.
Sonrío. Mira que eres...
Pareces constantemente alerta, frunces el ceño cada vez que no estás de acuerdo en algo, pareces indignarte cuando respiro más fuerte de lo normal... Pero lo cierto es que, aunque estés a mi lado, viajas muy lejos de aquí.
Es curioso como cuando alguien está lejos, lo sentimos cerca de nosotros y cómo a veces estando ridículamente cerca, nos separa un abismo insalvable.
Es curioso como cinco minutos pueden hacer que saltes de un mundo a otro. Es raro que la vida sea como una novela del realismo mágico: ya no sé si estoy en fantasía o realidad, los decorados cambian demasiado rápido como para que logre acostumbrarme...
Y cuando me doy cuenta, solo me acompaña el aire silbando en mis oídos y el frío que me recuerda que tú no estás.
Pregunto de nuevo, como si acompañase el desayuno, si estás bien. Contestas con un sí que suena triste. No quieres que me de cuenta, pero no puedes evitarlo.
Sonrío. Mira que eres...
Pareces constantemente alerta, frunces el ceño cada vez que no estás de acuerdo en algo, pareces indignarte cuando respiro más fuerte de lo normal... Pero lo cierto es que, aunque estés a mi lado, viajas muy lejos de aquí.
Es curioso como cuando alguien está lejos, lo sentimos cerca de nosotros y cómo a veces estando ridículamente cerca, nos separa un abismo insalvable.
Es curioso como cinco minutos pueden hacer que saltes de un mundo a otro. Es raro que la vida sea como una novela del realismo mágico: ya no sé si estoy en fantasía o realidad, los decorados cambian demasiado rápido como para que logre acostumbrarme...
Y cuando me doy cuenta, solo me acompaña el aire silbando en mis oídos y el frío que me recuerda que tú no estás.
sábado, 5 de enero de 2013
¿Sabes?
¿Sabes de qué está hecho el mar? De lágrimas saladas que se quedaron estancadas en un lugar, agitadas por el recuerdo de alguien que se fue y no volverá.
¿Sabes por qué la Luna te persigue cuando viajas? Porque quiere darte los recuerdos de aquellos que estás dejando atrás.
¿Sabes por qué a veces sonríe? Porque la miras buscando a ese alguien especial, quien también te busca a ti en su brillante faz.
¿Sabes a qué huelen las nubes? A almohadas, a peluches y a sábanas limpias, porque son las que se encargan de hacer tus sueños volar.
¿Sabes de qué color son los sueños? Del que tu quieras pintarlos, porque son tuyos hasta que dejes de soñar.
¿Sabes qué pasa cuando un libro está cerrado? Que protagonista y antagonista se reúnen a tomar un té y a charlar, para que cuando lo vuelvas a abrir, todo quede en su lugar.
¿Sabes por qué te emociona esa canción? Porque habla en un idioma secreto, que remueve tu corazón y te transporta a otro tiempo y lugar.
¿Sabes por qué la guitarra tiene seis cuerdas? Porque en la primera se queda el ruido del mundo, la segunda los pensamientos tristes te hace olvidar, la tercera te invita a que sonrías, la cuarta quiere oírte cantar, la quinta te suplica que bailes y la sexta te hace suspirar.
¿Sabes qué es lo que me gusta imaginar? Que algún día todo será como tiene que ser y estará donde tiene que estar.
¿Y sabes qué es lo mejor que se puede pedir? Verte sonreír por algo que haya podido decir, que suene esa canción sin avisar, que olvides los problemas por un instante, que conmigo quieras cantar, que pueda contar con tu amistad... Que me mires para hacerme callar porque no paro de hablar.
Eso, ¿sabes qué es?
Eso es felicidad.
Queridos Reyes Magos:
Tampoco quiero pedir imposibles. No pediré la paz mundial, no pediré que termine la pobreza en el mundo... ¿Sabéis por qué? Porque son cosas demasiado grandes y, sí, he dicho imposibles. Imposibles porque no somos capaces de conseguirlas a pequeña escala. No somos capaces de preocuparnos por el vecino de enfrente, de ayudar a un compañero que las está pasando canutas, incluso de darnos cuenta de que nuestra madre está un tanto desanimada y de alegrarla el día... ¿En serio creéis que es factible que pidamos ya no por terceros que están cerca, sino por terceros a los que no conocemos de nada? Ahora me diréis que esas cosas las hacéis a diario, ¿verdad? Sí, claro. Y yo soy millonaria.
Así que pediré cosas que no tienen precio, sino valor.
Quiero un par de onzas de amor a cambio del cofre de oro. No para mí solamente, un poquito para cada persona que sepa guardarlo en su corazón. Hay que aprender a quererse. Si no os queréis vosotros, no demandéis amor de los demás ni intentéis amar. Es imposible.
Además de la mirra, llevaos con vosotros la hipocresía y el miedo a vivir de la gente, y traed empatía para todos. No quiero ver gente que se deje arrastrar por las directrices de otros, quiero ver auténtica libertad. Y no quiero observadores del propio ombligo, sino gente que se pierda en la inmensidad de los ojos de otros, preguntándose qué les ocurre y si podrían hacer algo para que brillen de auténtica alegría (la palabra felicidad no viene al caso, ni siquiera por poética, lo siento)
Y por último, quiero que inunde el mundo el aroma de los sueños y la esperanza, no el del incienso. Quiero que se recojan todas las toallas que hemos tirado y se devuelvan a sus dueños. Porque todo merece otra oportunidad y siempre queda algo por lo que volver a ponerse en pie y sacudirse el polvo de encima. Porque todos soñamos despiertos, y sin esperanza nos apagamos como esa vela que ponemos con un deseo que no creemos que se vaya a cumplir.
Nada más, porque creo que no existe nada más importante.
Muchas gracias por adelantado, Sus Majestades. Sé que no depende de vuestras reales personalidades, sino de cada persona individual, pero es lo que quiero y no sólo para este año... Para siempre.
lunes, 24 de diciembre de 2012
Comienzo
¿Quién es el intérprete que toca las cuerdas? ¿Quién hace que esta melodía a la que llamamos Universo tenga armonía? ¿Quien manipula el violín, dejando a las notas ser como quieran?
En un vaivén constante, suave y perpetuo, se desplaza un arco invisible a los ojos, creando nuevas notas, nuevos compases, colocando silencios y escalas donde son necesarias.
Mientras, de los punteos se desprenden estrellas que van llenando el firmamento, que se destruyen con las notas desafinadas; de las notas graves aparecen planetas... Los suspiros de esfuerzo del músico arremolinan el pelo de aquellos que se preguntan por el compositor que hay detrás de tan gran obra.
Esta brisa le llega a una espectadora más de este concierto del que todos somos parte activa, un ser como todos aquellos que respiran música, con melodía propia ¿Qué busca? Quizá ni ella misma lo sabe. Centrando su atención en todas y cada una de las líneas de este curioso pentagrama, buscando la clave en la que fue escrito no se da cuenta de cómo pasa el tempo, incesantemente marcado por el metrónomo de su caja de resonancia.
Intentando abarcar con los ojos una estrella, que se queda fuera por poco, corre tras ella. Lee, poniendo un calderón a sus horas de consciencia, porque ella ya sueña despierta. Sonríe a la Luna cuando está llena, porque sabe que, con el tiempo, sonreirá ella. Intenta contener en un pergamino ajado la descripción de todos los matices del auténtico color dorado, devorando a su paso todos los libros que ya lo han intentado. Va en busca de un vaso imposible para guardar ese mar de infinitud incomprensible.
Quiere crecer, ser más alta, para que sus ojos pudieran encontrar en el azul el verde que les falta...
Mientras, espera intentando abrazar el extremo del viento que mueve su bufanda, arremolinando mil hojas otoñales, pensando si algún día pudiera saber, quizá, el nombre de la canción que el silencio astuto le canta.
No hablaré de ella, dejaré que ella os hable a vosotros.
Seguro que tiene más de una historia que contar.
Ella es Anvel Poe, una muchacha (por una u otra razón) difícil de olvidar.
En un vaivén constante, suave y perpetuo, se desplaza un arco invisible a los ojos, creando nuevas notas, nuevos compases, colocando silencios y escalas donde son necesarias.
Mientras, de los punteos se desprenden estrellas que van llenando el firmamento, que se destruyen con las notas desafinadas; de las notas graves aparecen planetas... Los suspiros de esfuerzo del músico arremolinan el pelo de aquellos que se preguntan por el compositor que hay detrás de tan gran obra.
Esta brisa le llega a una espectadora más de este concierto del que todos somos parte activa, un ser como todos aquellos que respiran música, con melodía propia ¿Qué busca? Quizá ni ella misma lo sabe. Centrando su atención en todas y cada una de las líneas de este curioso pentagrama, buscando la clave en la que fue escrito no se da cuenta de cómo pasa el tempo, incesantemente marcado por el metrónomo de su caja de resonancia.
Intentando abarcar con los ojos una estrella, que se queda fuera por poco, corre tras ella. Lee, poniendo un calderón a sus horas de consciencia, porque ella ya sueña despierta. Sonríe a la Luna cuando está llena, porque sabe que, con el tiempo, sonreirá ella. Intenta contener en un pergamino ajado la descripción de todos los matices del auténtico color dorado, devorando a su paso todos los libros que ya lo han intentado. Va en busca de un vaso imposible para guardar ese mar de infinitud incomprensible.
Quiere crecer, ser más alta, para que sus ojos pudieran encontrar en el azul el verde que les falta...
Mientras, espera intentando abrazar el extremo del viento que mueve su bufanda, arremolinando mil hojas otoñales, pensando si algún día pudiera saber, quizá, el nombre de la canción que el silencio astuto le canta.
No hablaré de ella, dejaré que ella os hable a vosotros.
Seguro que tiene más de una historia que contar.
Ella es Anvel Poe, una muchacha (por una u otra razón) difícil de olvidar.
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